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¿Qué puede aprender EU de la disminución de la desigualdad en A. Latina?

Por Heraldo Muñoz

A medida que toma cuerpo el debate sobre la desigualdad en Estados Unidos, ¿qué lecciones se pueden obtener de América Latina, que a pesar de tener altos niveles de desigualdad ha sido la única región que ha logrado reducir la desigualdad de los ingresos en la última década?

A pesar de ser la economía más grande del mundo, la de Estados Unidos es la más desigual entre los países industrializados. En 1979, el 20% más rico de los estadounidenses percibió el 43% de los ingresos, mientras el 1 por ciento más rico recibía el 9%. No obstante, hoy el 20% más rico de la población percibe más del 50% de los ingresos sin contar los impuestos, en tanto que el 1% más rico recibe cerca del 15%. Por su parte, América Latina se ha ido convirtiendo en una zona de ingresos medios, al tiempo que ha reducido la pobreza.

En 16 de 17 países se ha producido una importante disminución de la desigualdad del ingreso en los últimos 10 años. ¿Cómo lo lograron? En primer lugar, casi la mitad de la disminución de la desigualdad puede explicarse por las mejoras en los ingresos del trabajo doméstico. El crecimiento económico ha generado una mayor demanda de productos nacionales, lo que ha dado lugar a la incorporación de más personas a la fuerza de trabajo y, de ese modo, ha conducido al aumento de los salarios. Esto ayudó a reducir las diferencias salariales entre los trabajadores con título universitario y los que no cuentan con uno.

En Estados Unidos, en cambio, esta disparidad en el ámbito de la educación ha aumentado en los últimos años. En segundo lugar, América Latina es el líder mundial en programas sociales que ofrecen ayuda financiera a las personas que viven en la pobreza, a condición de que mantengan a sus hijos en la escuela y den seguimiento a las vacunas y los exámenes médicos. Estas transferencias alcanzan entre el 0,5% y el 3% del PIB, pero representan casi un tercio de la disminución de la desigualdad y son la principal vía para la reducción de la pobreza en 18 países de la región, beneficiando a 113 millones de personas. Las transferencias sociales no pueden sustituir a los débiles servicios sociales, pero han logrado transferir recursos financieros sin mucha intermediación.

En Estados Unidos, aunque la tributación suele ser progresiva, es más débil en transferencias sociales directas. El crédito tributario por ingreso del trabajo es el componente clave de la política fiscal redistributiva, pero funciona a través del sistema tributario, que a menudo no alcanza los hogares más pobres, los cuales quedan al margen de las redes de seguridad social y los mercados de trabajo.

Por último, un “dividendo demográfico” (la reducción de las tasas de fecundidad y el aumento de la esperanza de vida) en América Latina permitió que se ampliara la participación en el mercado de trabajo. En Estados Unidos, lo más cercano a un dividendo demográfico sería una reforma integral de la inmigración, que permitiría la afluencia de trabajadores legales al mercado laboral, con sus efectos multiplicadores que impulsarían las economías locales. América Latina se ha visto obstaculizada por siglos de discriminación por motivo de clase, de raza y de género, pero puede dar lecciones a Estados Unidos, donde el sistema de protección del empleo fue diseñado para una economía en auge, no para una economía vacilante. Si bien el crecimiento económico en el mundo desarrollado sigue siendo frágil, las medidas redistributivas exigen una mayor acción preventiva en las políticas sociales que en los mercados de trabajo. Esta es una lección clave de América Latina: los mercados solo pueden contribuir hasta cierto punto a reparar las brechas de desigualdad.

 

fonte: Blog Humanum

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Integración del género, la diversidad sexual y el VIH en Cuba

 Mayo 9, 2013

Por Carlos Cortes Falla, asesor principal del PNUD en Cuba en el área de VIH/SIDA

Foto: Gabriel Bitrán. Todos los derechos reservados.

“Entre el hombre y la mujer hay similitud, no contraste. Cuando el hombre comienza a reconocer sus sentimientos, ambos se unen. Cuando el hombre acepta la parte sensible de si mismo, cobra vida.”

Anaïs Nin, In Favor of the Sensitive Man and Other Essays

Introducción

La comprensión binaria del tema de género se pone constantemente en tela de juicio  cuando hablamos de la epidemia del VIH/Sida y su profunda interrelación con la diversidad, las minorías sexuales y las diferentes identidades de género. Esto se refleja de múltiples formas, y el tema debe ser relevante, pues el VIH es una de las causas más importantes de muerte y enfermedad entre las mujeres de 15 a 45 años en todo el mundo. A escala global, el número de hombres y mujeres que viven con el VIH es el mismo, aunque dicho número cambia de una región a otra. En algunos países de África y el Caribe, alrededor del 60 por ciento de las personas que viven con el VIH (PVS) son mujeres, y el mismo porcentaje refleja la tasa de nuevas infecciones. Las mujeres más jóvenes son aún más vulnerables. En investigaciones recientes se ha demostrado que las jóvenes de 15 a 24 años tienen ocho veces más probabilidades de infectarse con el VIH que los jóvenes del mismo grupo de edad. Esto no es nada nuevo; desde el decenio de 1990, se han identificado las desigualdades basadas en el género como un acelerador de la transmisión del VIH, y las prácticas, las normas y los valores relacionados con el género son componentes de dicho acelerador. Las percepciones y prácticas socioculturales de la sexualidad así como las múltiples identidades de género que se construyen y modifican cada día, constituyen determinantes de la discriminación ejercida contra las mujeres y las minorías sexuales que se alejan de lo tradicionalmente establecido y continuarán siéndolo a menos que se formulen estrategias eficaces de reconocimiento y respuesta a esta dinámica y compleja realidad.

Foto: Gabriel Bitrán. Todos los derechos reservados.

En todo el mundo, la exclusión basada en el género y en las normas sexuales desempeña un papel fundamental al hacer que las jóvenes (incluidas las transgénero) y los jóvenes homosexuales participen en el comercio sexual, tengan relaciones sexuales desprotegidas y se vean obligados a ganar dinero de esta forma para costear sus estudios, sobrevivir o mantener su posición social.  A menudo, la violencia sexual se vincula con modalidades de intercambio económico y se refuerza el ciclo de estigma y discriminación de que son objeto estas poblaciones. Pese a ser las más vulnerables al VIH, su educación sobre temas relativos al VIH sigue sumida en el olvido (prohibida) en la mayor parte de las regiones del mundo debido al estigma, la discriminación y las fallas de las políticas y legislaciones que siguen limitando su acceso incluso a los servicios jurídicos y de salud más elementales. En una investigación realizada recientemente sobre estos grupos vulnerables se comprobó que la prevalencia general de VIH entre las trabajadoras sexuales era del 11,8% y que la probabilidad de que vivieran con el virus era 13,5 veces superior a la de otras mujeres en edad de procreación. Hace poco, un análisis sistemático del peso de la infección en las mujeres transgénero de 15 países reveló que la prevalencia del VIH era de 19.1% (muy por encima de la prevalencia entre la población general) y que esta población excluida tenía una probabilidad de vivir con el virus 48,8 veces superior a la población general en edad de procreación. En Cuba, los grupos de hombres que tienen sexo con hombres (HSH) presentan una tasa de prevalencia 24 veces superior a la de la población general. Pese a estas pruebas abrumadoras, en muchos casos resulta aún difícil  localizar estos datos, pues en la bibliografía no se hace distinción alguna entre hombres y mujeres, ni según las minorías sexuales.

La desigualdad basada en el género, la falta de potenciación económica y educación, la pobreza y la violencia fundada en el género contribuyen a incrementar la vulnerabilidad de las mujeres y las minorías sexuales al riesgo de infección por VIH. Con la conjugación de injusticias sociales, jurídicas y económicas basadas en las construcciones socioculturales y simbólicas de género se crean barreras que les dificultan el acceso a servicios de prevención, tratamiento y atención.

La falta de reconocimiento de esta realidad, de voluntad política y de compromiso a escala global se evidencia en la escasez de recursos destinados a respaldar financieramente las iniciativas orientadas a la equidad e igualdad de todas las personas sin discriminación por sus identidades género. La carencia de fondos se considera una barrera muy importante para la aplicación de instrumentos eficaces que permitan abordar las diferencias y desigualdades por motivo de género.

El Programa de ONUSIDA para la aceleración de las actividades nacionales en favor de las mujeres, las niñas, la igualdad entre los géneros y la lucha contra el VIH descubre otra realidad que muestra la falta de voluntad para reconocer el actual desequilibrio en materia de género. Los datos muestran que se invierten millones de dólares en el bienestar femenino como parte de la respuesta a la epidemia, pero las cifras muestran que como parte del financiamiento destinado a la lucha contra el VIH, específicamente para  las mujeres, el 71% se asigna a  la prevención de la transmisión vertical. Este financiamiento, si bien contribuye al sostenimiento de la terapéutica de la mujer embarazada, no enfrenta la problemática de discriminación y exclusión de la mujer.

Un alcance diferente: la situación de Cuba

Foto: Gabriel Bitrán. Todos los derechos reservados.

En Cuba, la epidemia del VIH/Sida ha predominado desde sus inicios entre los hombres. Según la última encuesta realizada por la ONEI, el 80,9% de las Personas infectadas (PVS) de Cuba son hombres, principalmente que tienen sexo con hombres, HSH. No obstante, esto enmascara otra realidad: más de 200 mujeres se infectan cada año. Si bien los esfuerzos dirigidos a prevenir el VIH se centran claramente en los HSH, las interacciones existentes entre el VIH y la mujer no son ignoradas por la respuesta nacional. En este contexto, el PNUD y el Gobierno nacional han identificado la necesidad de formular una estrategia centrada en el género para asegurar no sólo llegar a mujeres y hombres sino atender a sus construcciones de género y sus evidentes, pero a veces ignorados, vínculos con el VIH y otras ITS.

Los datos acopiados en varios países sugieren que los jóvenes con actitudes favorables a la igualdad entre los géneros obtienen mejores resultados en materia de salud sexual que aquellos que no las han desarrollado en igual medida. Aquí figuran las tasas más elevadas de uso del condón y los anticonceptivos y las tasas más bajas de violencia contra las parejas sexuales, de embarazos no deseados o de VIH (Karim et al., 2003; Rogow y Haberland, 2005). En Cuba, las encuestas realizadas recientemente por la ONEI muestran que las generaciones más jóvenes son menos homofóbicas y, al mismo tiempo, son capaces de identificar y evitar los comportamientos sexuales de riesgo. Una de las tendencias más importantes que se ha observado en el último decenio tiene que ver con el aumento constante de la utilización del condón, que en Cuba ha presentado incrementos constantes durante los ultimo diez años, llegando a niveles de utilización del condón por encima del 75 % en la última relación sexual entre la población sexualmente activa.

Formulación de una estrategia de respuesta al VIH y las ITS en Cuba

Foto: Gabriel Bitrán. Todos los derechos reservados.

Cuba reconoce que es necesario elaborar mejores estrategias que permitan fortalecer la integración de la perspectiva de género en las iniciativas de desarrollo, no sólo desde el punto de vista financiero, sino también con un enfoque holístico. En las respuestas nacionales al VIH deben abordarse las diferencias en materia de género, haciendo énfasis en el reconocimiento y la perspectiva eliminación de los desequilibrios y desigualdades existentes entre el hombre y la mujer y el irrespeto a la diversidad sexual en su totalidad. Analizar las causas de las relaciones de poder asimétricas y desiguales por razones de sexo/género y potenciar las modificaciones de estereotipos y prejuicios sexistas resultan de los aspectos prioritarios que toda política o estrategia deberán considerar. El concepto de exclusión por motivos de género comprende la exclusión motivada por las diferencias basadas en el sistema sexo-género y se fundamenta en el predominio de la perspectiva masculina contra todo lo que represente un desafío a dicho predominio y ganar conciencia sobre esto es un buen punto de partida. Si bien existen vínculos entre educación, género y VIH, los esfuerzos por mejorarlos y consolidarlos en una estrategia integral no han sido muy enérgicos y se realizan desde distintos enfoques, generalmente en forma paralela.

No obstante, cada vez se constata más que estos problemas no pueden enfrentarse por separado y que es necesario formular estrategias integrales que permitan brindar una respuesta eficaz. Asimismo, es menester buscar vías que garanticen que las políticas y los programas destinados a lograr la igualdad entre los géneros se complementen a fin de ampliar al máximo sus efectos.

Desde el año 1998 el PNUD en Cuba ha apoyado las iniciativas relacionadas con el VIH, entendiendo  al VIH/Sida no  sólo como un problema de salud, sino como un síndrome en cual intervienen múltiples determinantes del entorno sociocultural, haciendo imprescindible que se enfrente mediante una respuesta multidimensional. Esta respuesta multifacética ha formado parte de la política nacional de Cuba desde la aparición de la epidemia. Lo primero que hizo el país en 1986 fue crear el Grupo Operativo para el Enfrentamiento y la Lucha contra el Sida (GOPELS) en cada una de las provincias del país. Dichos grupos estaban integrados por funcionarios públicos de diversos sectores gubernamentales y se encargaron de coordinar la respuesta contra la epidemia.  Como resultado de sus esfuerzos, se ha formulados estrategias nacionales desde 2003, cuyo objetivo es apoyar la ejecución de varios proyectos, entre ellos, los del Fondo Mundial, que son gestionados conjuntamente por el Gobierno y el PNUD. Con miras a lograr el respaldo necesario para esta iniciativa oficial, el PNUD contribuyó a consensuar que la respuesta al VIH debía ser dinámica y satisfacer las nuevas necesidades de las poblaciones beneficiarias y que la transversalización de género debía ser reforzada en la respuesta nacional.

Una estrategia dirigida a integrar el género y la diversidad sexual en la respuesta nacional

Foto: Gabriel Bitrán. Todos los derechos reservados.

La percepción sobre la igualdad de género y el análisis que se realiza en la sociedad sobre este tema en un país como Cuba, donde se aplicó un enfoque multisectorial desde que se detectaron los primeros casos de infección por VIH, sirvieron de punto de partida para la formulación de la estrategia de género, destinada a apoyar el componente educativo de la respuesta nacional a las infecciones de transmisión sexual y el VIH/Sida en Cuba.

Quizás dicho análisis parezca superfluo en un país donde los enfoques y las políticas y esfuerzos basados en la equidad de  género y el papel de la mujer en la sociedad siempre han sido una prioridad del gobierno. No obstante, si se define la transversalización como la incorporación de la perspectiva de género en todos los procesos, actividades y medidas, se impone elaborar una nueva estrategia de género centrada en la solución de los nuevos problemas que trae aparejada la evolución de la epidemia del VIH en Cuba.

Empero, esta necesidad no sólo se reconoce en Cuba. De acuerdo con la profesora Françoise Barré-Sinoussi, directora de IAS, existen tres factores que reclaman el fortalecimiento de la perspectiva de género para hacer frente a la epidemia del Sida:

–     El reconocimiento de que es indispensable superar las normas sociales dañinas, fomentar la igualdad entre los géneros y habilitar a la mujer para poder potenciar la respuesta ante el VIH, dirigida a las mujeres y niñas.

–      El reconocimiento de la enorme función que desempeñan las mujeres en la prestación de servicios relacionados con el VIH en el sector sanitario formal. Incluso en los hogares, las mujeres y niñas ofrecen hasta el 90% de esta atención.

–     La necesidad de aplicar políticas y normas que tengan en cuenta el tema de género y se basen en el respeto de los derechos y en evidencias, con miras a mejorar la situación de todas las mujeres que viven con el VIH o están afectadas por dicho virus.

Estos tres aspectos son componentes principales de la estrategia cubana, que se complementan con el abordaje de las desigualdades de género vinculadas a los HSH y hombres en general, que aunque no lo concientizan fácilmente también sufren discriminaciones.

Estrategia de Cuba para la respuesta al VIH/Sida y las ITS

Foto: Gabriel Robledo / http://www.sxc.hu

La Estrategia de Género de Cuba, cuya finalidad es apoyar el componente educativo de la respuesta nacional contra las infecciones de transmisión sexual y el VIH/Sida, se formuló luego de reconocerse que las desigualdades en materia de género incidían de manera importante en la vida de las mujeres y los hombres infectadas/os o afectadas/os por la epidemia. Dicha estrategia es el resultado de más de 18 meses de debates y análisis de un equipo de mujeres y hombres expertos en temas de género, con distintos niveles de formación académica y profesional. De esta diversidad de opiniones emanó un marco teórico basado en dos aspectos fundamentales:

–        La identificación de comportamientos, actitudes y tendencias sexistas de la población, que reflejan y reproducen las desigualdades en materia de género. Urge modificar estos comportamientos, pues elevan el riesgo de transmisión no sólo del VIH sino también de las ITS.

–        La necesidad de fomentar cambios de conducta en el sector sanitario, con énfasis en la atención primaria de la salud. Estos cambios deben estimular el análisis de los temas de género durante las actividades centradas en las ITS (incluido el VIH) y la promoción de cambios de conducta en el caso de las relaciones sexuales de riesgo. Al mismo tiempo, deben fomentarse las actividades de lucha contra la discriminación fundada en la orientación sexual y las identidades de género, a fin de propiciar condiciones equitativas y garantizar el pleno goce de los derechos sexuales de hombres y mujeres mediante un acceso integral a los servicios de salud.

Inicialmente, en la estrategia se planteó la documentación de los resultados expresados por diagnósticos relativos a género mediante la aplicación del enfoque sociocultural y  se reconocen los importantes cambios que han tenido lugar en las relaciones entre los géneros durante los últimos años.

Para consensuar los resultados a nivel de impacto, efectos y productos se prestó especial atención a las conductas y funciones vinculadas con las tradiciones culturales de la sociedad cubana. Se identificaron los factores de vulnerabilidad y se propuso  construir un marco teórico – metodológico que visualice los vínculos clave entre género, diversidad sexual y las ITS/VIH en Cuba, incluyendo la definición de indicadores desagregados y que permitan los análisis  de género y según grupo de edad. Se hizo hincapié en la necesidad de considerar el género como tema transversal que abarca todos los aspectos programáticos e involucra a los actores clave. Al mismo tiempo, se examinaron asuntos específicos como el proceso de negociación para el uso del condón y el hecho de que ni las mujeres, ni las minorías sexuales, están realmente habilitadas para negociar dicho uso con sus parejas. Se destacó que ello es muestra del desequilibrio existente entre los géneros a la hora de abordar la epidemia pero que a través de acciones y procesos de intervención es posible el cambio. Por ello se propusieron los siguientes productos:

  1. Construcción de un marco teórico-metodológico relativo a género diversidad sexual y las ITS-VIH/sida,
  2. Perfeccionamiento de la educación y capacitación en temas de género e ITS-VIH/sida en la instituciones de salud,
  3. Perfeccionamiento del sistema de comunicación social desde la perspectiva de género, como herramienta que favorezca respuestas efectivas a las ITS-VIH/sida,
  4. Construcción e implementación de un Sistema de Monitoreo y Evaluación sensible a género para la prevención y control de las  ITS y el VIH/sida a nivel del sistema de salud,
  5. Generación de entornos potenciadores de la igualdad de género en la prevención de las ITS y el VIH/sida a nivel de las instituciones de salud.

Como se mencionó antes, la estrategia fue elaborada por un equipo de especialistas en asuntos de género que aplicó un enfoque participativo y sostuvo más de 20 sesiones de debate, reuniones de grupos focalizados en entornos diferentes, conferencias y encuentros con  otros expertos y dirigentes comunitarios a lo largo de un proceso de 18 meses. Fue auspiciada por el Centro Nacional de Prevención de las ETS y el VIH/Sida, y fue apoyada por el PNUD y el Fondo Mundial.

El futuro

Foto: Paul Keller / http://www.everystockphoto.com

En la estrategia se propone una ampliación gradual de las actividades, centradas en una primera etapa en La Habana y las dos provincias vecinas. Éstas son precisamente las zonas del país más afectadas por el VIH y requerirán gran apoyo de las entidades nacionales y del sistema de las Naciones Unidas. La OMS ya expresó su disposición de apoyar actividades específicas relacionadas con su esfera de trabajo, y el equipo de implementadores de la estrategia continúa realizando activamente actividades de seguimiento y movilización de recursos.

Por último, una reflexión del Dr. Qian Tang, subdirector de la UNESCO, propicia el análisis de la necesidad de robustecer la estrategia en un futuro próximo: Sólo será posible lograr una mayor igualdad entre los géneros y abordar los desafíos que impone el VIH si se adoptan con urgencia las medidas necesarias para reducir las desigualdades existentes en la salud y la educación y se apuesta por cambios sociales a más largo plazo en relación con los modelos de pensamiento y conducta. No obstante, tales efectos y transformaciones no podrán materializarse si se tratan por separado cuestiones tan interrelacionadas.

 

Debemos trabajar juntos. ¡Comencemos pues!

 

Bibliografía: lecturas recomendadas.

 

  1. Secretariado de la Commonwealth (Folleto de series sobre género), 2002. Transversalizando Género en VIH/SIDA: hacia un enfoque multisectorial. Londres, Reino Unido, 2002.
  2. UNESCO. Equidad de Género, VIH y Educación, (2012). Folleto de buenas prácticas en VIH y educación para la salud. Ginebra, Suiza.
  3. ActionAid y SCUK (2004). VIH y educación. Educación basada en prácticas de vida para la prevención en el VIH: un análisis crítico. Grupo del Reino Unido en Educación y VIH.
  4. Oficina Nacional para la Estadística y la Información, 2012. Informe de Resultado Encuesta de Indicadores 2011. La Habana, Cuba.
  5. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y ONUSIDA. Por un mejor entendimiento y acción sobre facilitadores críticos y desarrollo de sinergias para inversiones estratégicas, (2012). Nueva York, Estados Unidos.
  6. Centro Nacional de Prevención de las ITS-VIH/SIDA, Ministerio de Salud Pública de la República de Cuba y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), 2012. Estrategia de Género en apoyo al componente educativo de la respuesta nacional a las ITS y el VIH/sida. Editorial Lazo Adentro, La Habana, Cuba.

 

Fonte: Revista Humanum

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Cartazes contra a ditadura

O Instituto Vladimir Herzog e a editora Escrituras lançam hoje em São Paulo o livro “Os cartazes desta história”, que reúne 300 cartazes, fotos e documentos contra o regime militar na América Latina. Além de importantes, impactantes pelo belíssimo trabalho de artes visuais.

Na Livraria Cultura da avenida Paulista, às 19h, com a presença do organizador, o jornalista Vladimir Sachetta. Vão lá!

Sobre o livro, ver: http://escrituraseditora.blogspot.com.br/2012/10/lancamento-os-cartazes-desta-historia.html

Fonte: Socialista Morena

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Bienestar subjetivo y desarrollo humano: un diálogo posible y necesario

Por Equipo IDH Chile[1]

Foto: David Álvarez Veloso

Actualmente se encuentra en curso un debate global relativo al desarrollo, que destaca la necesidad de incorporar a la reflexión sobre los fines sociales otras dimensiones además del crecimiento económico. A la base de esta demanda se sitúa una crítica a la idea tradicional de desarrollo, que sostiene que las necesidades de las personas y en general, los aspectos deseados y valorados por ellas, no se reducen al crecimiento económico, ni se encuentran automáticamente presentes en sociedades que han alcanzado altos niveles de crecimiento, un tema que los Informes de Desarrollo Humano vienen promoviendo desde 1990.

En consonancia con esta perspectiva, se ha planteado la pertinencia de incorporar la felicidad de las personas como un objetivo adicional del desarrollo y, consecuentemente, de considerar la evaluación que las personas hacen de sus vidas como un objetivo político relevante. Este interés ha estado presente tanto en las elites gobernantes como en los centros de estudio y las organizaciones internacionales. A modo de ejemplo, en agosto del año 2011,la Asamblea General de las Naciones Unidas acordó incorporar la búsqueda de la felicidad como parte relevante de una “visión holística del desarrollo” (IDH 2012, pp. 36)  Aunque de manera incipiente, esta conversación está también instalada en la sociedad chilena.

Esta propuesta representa una valiosa oportunidad para repensar el desarrollo, pues vuelve a situar a las personas en el centro de la discusión sobre las metas que una sociedad debe perseguir para considerarse verdaderamente desarrollada y porque profundiza el debate sobre aquello verdaderamente significativo, tanto en la vida de las personas, como en el devenir de la sociedad. Además, la consideración de la felicidad en el debate sobre el desarrollo es especialmente relevante en el actual contexto. Durante el último año, tanto en Chile como en diversas partes del mundo, la conversación sobre el desarrollo ha ido a la par con expresiones crecientes de malestar con la sociedad, que han puesto de relieve que hoy, más que nunca, incorporar lo que las personas sienten y piensan a la discusión sobre el desarrollo es un desafío ineludible. Esto es lo que se entiende por “subjetividad”, y su incorporación a la discusión sobre el desarrollo ha sido fuertemente defendida por los  Informes de Desarrollo Humano en Chile.

Pero, ¿es la apuesta por la felicidad la manera correcta de incorporar la subjetividad a la discusión sobre el desarrollo? Por lo demás, ¿es posible que la sociedad garantice con eficacia la felicidad, considerando los múltiples factores, algunos de ellos no controlables socialmente, que intervienen en ella?, ¿Puede la sociedad conjugar las distintas nociones existentes sobre lo que constituye una vida feliz? ¿Qué posición debe ocupar la felicidad entre la pluralidad de fines personales y sociales?

Para responder a estas preguntas el Informe exploró los significados que las propias personas otorgan al término felicidad con el objeto de evaluar la pertinencia de incorporar, a través de este concepto, aquello que “verdaderamente importa” a la discusión sobre el desarrollo. Asimismo, analizó a través de métodos estadísticos la relación entre los niveles de felicidad declarados por las personas y determinadas características estructurales de la sociedad. Las conclusiones de estos análisis se exponen a continuación.

 

Los límites de la noción de felicidad y la apuesta por un concepto integral del bienestar subjetivo

Sobre la base de evidencia empírica, tanto cuantitativa como cualitativa, el Informe sostiene que en su uso cotidiano y predominante, la noción de felicidad está impregnada de significados que oscurecen sus dimensiones y determinantes sociales e impiden asumirla de manera legítima como un fin del desarrollo. En efecto, el discurso social sobre la felicidad que impera en la sociedad chilena indica que ésta se logra sólo de manera individual y que las condiciones sociales no desempeñan un rol en ella (sólo un 20% de la población cree que las oportunidades sociales son importantes en su logro y sólo un 13% la menciona como un objetivo de desarrollo relevante). No obstante, el Informe muestra empíricamente que la evaluación que las personas realizan de sus vidas se relaciona estrechamente con las condiciones sociales en que éstas viven. Mientras el 90% de las personas pertenecientes al estrato socioeconómico alto se ubica sobre 7 en la escala de satisfacción con la vida (escala que va del 1 al 10), sólo el 56% del estrato bajo se sitúa en esta posición.

A partir del reconocimiento de los límites teóricos y políticos de la noción de felicidad pero también de la relevancia que la sociedad tiene en este ámbito, el Informe sugiere ampliar la mirada y asumir en su reemplazo el concepto de bienestar subjetivo, el cual sin estar exento de dificultades, es culturalmente más neutro y permite añadir a la discusión la relación entre subjetividad y sociedad.

El Informe propone asumir un concepto integral de bienestar subjetivo que incorpore no solo la evaluación cognitiva y afectiva que realizan las personas sobre la vida personal, sino también sobre la sociedad en que viven. Analíticamente, el bienestar subjetivo tiene de esta manera dos componentes: el bienestar subjetivo individual, aspecto que contempla la satisfacción con la vida y el bienestar subjetivo con la sociedad, que refiere a la evaluación que tienen las personas de la sociedad en que viven. En términos empíricos, la medición del primer componente se realizó a través de una escala de satisfacción vital, y el segundo a partir de un índice que incluye la confianza en las instituciones y la evaluación de las oportunidades que brinda la sociedad en ámbitos relevantes.

¿Por qué incorporar la evaluación con la sociedad? En primer lugar, porque es normativamente importante. De acuerdo al enfoque de Desarrollo Humano, generar las condiciones para que las personas desarrollen evaluaciones positivas tanto de sus propias vidas, como de la sociedad en la cual se insertan es uno de los horizontes de desarrollo que la sociedad debe perseguir. En segundo lugar, porque de otro modo es muy fácil equivocar los diagnósticos. Lo que el Informe muestra, es que las evaluaciones que hacen las personas de sus vidas y de la sociedad en que viven pueden no coincidir y de hecho, en Chile no coinciden. Las diversas estadísticas analizadas en este Informe evidencian que, en general, la satisfacción vital de los chilenos y chilenas se ha incrementado en las últimas décadas. En contraste, la percepción de la sociedad es más bien negativa y ha venido empeorando. En una escala de1 a 7, la ciudadanía evalúa con una nota promedio de 4,1 a las oportunidades que el país entrega a las personas. Asimismo, la confianza en las instituciones se ha deteriorado; mientras en 1995 un 30% confiaba en las instituciones, hoy solo lo hace un 20%. Satisfechos consigo mismos pero descontentos con la sociedad parece ser la realidad actual de la subjetividad en Chile.

A partir de este diagnóstico, el Informe hace un llamado a que el debate público sobre el presente y el futuro de Chile se aleje de interpretaciones extremas o parciales de la realidad. No se debe desestimar el malestar con la sociedad ni tampoco la satisfacción de las personas con sus vidas. Ambos fenómenos coexisten y es coherente que así ocurra: pues la evaluación que realizan las personas de sus vidas y la valoración de la sociedad, aunque relacionadas, no siempre son coincidentes. De ahí la importancia de analizar la subjetividad atendiendo a ambos niveles (individual y social) y estados subjetivos (bienestar y malestar). De lo contrario, se corre el riesgo de equivocar los diagnósticos y también las propuestas de acción.

El vínculo entre bienestar subjetivo y desarrollo humano: construir agencia y capacidades

Situar al bienestar subjetivo como fin del desarrollo implica apostar a que las personas tengan evaluaciones positivas de sí mismas y de la sociedad en que viven. Este objetivo es  valioso y consistente con el desarrollo humano pues supone que las sociedades se esfuercen en constituir un soporte efectivo para la realización de los proyectos de vida. En efecto, este objetivo obliga a identificar qué factores posibilitan que las personas se sientan satisfechas con sus vidas y conformes con la sociedad, así como a delimitar mecanismos para que las sociedades asuman, como parte de la acción pública, el fortalecimiento de tales factores.

Sin duda, un objetivo de esta naturaleza implica múltiples complejidades y desafíos. Uno de ellos es reconocer la diversidad de elementos que inciden en el bienestar subjetivo, algunos de ellos no susceptibles de intervención por parte de las políticas públicas. Sin embargo, paralelo a este reconocimiento, es posible plantear que la sociedad puede efectivamente contribuir al logro del bienestar subjetivo de sus miembros. ¿Cómo puede la sociedad crear condiciones para incrementar el bienestar subjetivo de sus miembros, a ambos niveles, individual y con la sociedad?

En línea con el enfoque de desarrollo humano, el informe sostiene que debe hacerlo construyendo “capacidades” que permitan a los individuos ser agentes de sus vidas. Esta afirmación es además corroborada empíricamente. Las capacidades son las libertades reales con que cuentan las personas para definir y realizar sus proyectos de vida deseados; son socialmente construidas pero individualmente apropiadas.

¿Qué capacidades priorizar? El Informe plantea que la selección de las capacidades que debe potenciar una sociedad para el aumento del bienestar subjetivo es algo que debe resolverse mediante la deliberación social. Para avanzar en esta dirección, el informe construyó un primer listado de capacidades relevantes a partir de la revisión de la literatura experta, el cual fue sometido a discusión con personas representativas de distintos grupos de la sociedad chilena. Este listado incluyó capacidades que refieren tanto a ámbitos tradicionalmente atendidos, por ejemplo salud y cobertura de necesidades básicas, como a ámbitos menos atendidos, como por ejemplo, poseer un proyecto de vida, contar con vínculos significativos con los demás, sentirse respetado en dignidad y derechos y, sentirse seguro frente a las amenazas como el desempleo o la delincuencia, entre otras.

Una vez validado este listado, el Informe realizó mediciones empíricas de dichas capacidades y estableció cuáles de ellas están más asociadas al bienestar subjetivo en todos sus niveles. Cuando las personas poseen estas capacidades aumenta su agencia, es decir la posibilidad de actuar sobre sus vidas, e incrementar por esta vía su satisfacción personal y con la sociedad. Este es un hecho central: mientras mayor es la dotación de capacidades que ofrece una sociedad, más probabilidades tienen sus miembros de alcanzar el bienestar subjetivo.

Una de las conclusiones centrales del Informe es que, en general, todas las capacidades relevantes para el bienestar subjetivo se encuentran inequitativamente distribuidas en la población chilena. Esta desigualdad se expresa tanto en las capacidades materiales, como en las no materiales. A modo de ejemplo, mientras la percepción de soledad en el grupo ABC1 alcanza un 14%, un 42% del segmento E manifiesta esta sensación. Estos datos revelan una nueva cara de la desigualdad en Chile: no solo las capacidades materiales o tradicionalmente atendidas están inequitativamente distribuidas, también lo están las no materiales.

 

El desafío a las políticas públicas: capacidades y deliberación social

En este contexto, hay dos desafíos centrales para las políticas públicas: incorporar la lógica del bienestar subjetivo y las capacidades al diseño, implementación y evaluación de todas las políticas públicas; y generar políticas específicas para promover las capacidades claves para el bienestar subjetivo individual y social, incluyendo algunas poco atendidas como el respeto, la seguridad humana y el desarrollo de vínculos significativos. Para abordar el primer desafío el informe propone algunos criterios, tales como: considerar en el diseño y evaluación de las políticas públicas su impacto en las capacidades; formular políticas que atiendan a  los proyectos de vida de las personas y a las etapas del ciclo vital en que se encuentran; enfocarse no sólo a la creación de oportunidades (como incentivos e información) sino también preocuparse de los factores de apropiación y distribución igualitaria, además de los escenarios sociales en los cuales las oportunidades apropiadas pueden ser desplegadas; y generar los dispositivos de retroalimentación que permitan los aprendizajes propios de un terreno donde la creatividad y la innovación son necesarias para avanzar por caminos donde el conocimiento técnico es aún escaso.

Sobre el segundo desafío, el Informe identificó las capacidades más relevantes para el logro del bienestar subjetivo individual y con la sociedad. Desde la perspectiva que el Informe propone, esta información puede constituir un insumo para la selección de las capacidades que deben ser potenciadas, pero esta selección debe ocurrir en el marco de un proceso deliberativo que permita representar y armonizar las distintas visiones existentes en una sociedad. Situar al bienestar subjetivo como fin del desarrollo implica admitir, en todos los niveles de la política pública, que lo que sienten y piensan las personas es relevante. En este sentido, cualquier apuesta coherente por el bienestar subjetivo debe poner al centro la deliberación social. Situar a las personas al centro del desarrollo significa estar dispuestos a escuchar a la subjetividad en toda su diversidad. En otras palabras: implica promover un debate social sobre ‘qué es lo que realmente importa’ cuando se aspira al desarrollo.

 

[1] Pablo González, Pedro Güell, Rodrigo Márquez, Soledad Godoy, Macarena Orchard, Jorge Castillo,Maya Zilveti,Romina Von Borries, Esteban Calvo, José Manuel Morales y María Luisa Sierra.

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“La élite conservadora cree que la mano dura es la manera de enfrentar la desigualdad en América Latina”

En toda la región los ingresos percibidos por el 20% más rico de la población son 19.3 veces más que los percibidos por el quintil más pobre, según un informe de la ONG InspirAction

 

Una indígena Aymara en la ciudad boliviana de Tiwanaku.

Una indígena Aymara en la ciudad boliviana de Tiwanaku.- DAVID MERCADO (REUTERS)

“La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder”. Y el sur del continente americano lleva siglos especializándose en perder. Es así como lo veía Eduardo Galeano en su popular libro Las venas abiertas de América Latina, en el que se analiza las razones el subdesarrollo del continente debido a su obediencia a Estados Unidos. Ahora, las causas y consecuencias de las profundas diferencias sociales han sido abordadas en un informe publicado por la ONG InspirAction llamado ‘El escándalo de la desigualdad en América Latina y el Caribe’. El texto analiza cómo la brecha entre los ricos y los extremadamente pobres alimenta la delincuencia y la inestabilidad mientras las élites acomodadas se resisten a aceptar cambios estructurales que elevarían los niveles de vida de los más pobres.

“La desigualdad recorre cinco siglos de discriminación racial, étnica y de género, con ciudadanos de primera y segunda categoría. Recorre una modernización hecha sobre la base de la peor distribución del ingreso del mundo”,

explica en el informe Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Aunque ha habido importantes avances en la última década, a día de hoy en toda la región los ingresos percibidos por el 20% más rico de la población son todavía en promedio 19.3 veces más que los percibidos por el quintil más pobre.

Unas cifras que se vuelven más crudas cuando se observan casos como el de Honduras, donde ese 20% más rico tiene 33 veces más ingresos que el quintil más pobre. Y fue precisamente en ese país donde el intento del presidente Zelaya de poner coto a esas desigualdades le costó un golpe de Estado perpetrado por los sectores más conservadores y fieles a la defensa de los intereses de Estados Unidos y sus propios privilegios.

“La desigualdad recorre cinco siglos de discriminación racial, étnica y de género”

Como detalla en el informe Martín Rodríguez Pellecer, editor jefe del diario independiente guatemalteco Plaza Pública,

el factor que provoca más violencia en Centroamérica es la desigualdad, pero la mayor parte de la élite del país no quiere aceptarlo. ¿Que si es una elite conservadora? No, ultraconservadora. Siempre han creído que las políticas de mano dura y represión son la manera de enfrentar las consecuencias de la desigualdad”.

La misma suerte de Zelaya tuvo en junio de este año Fernando Lugo en Paraguay.

Por el contrario, según la CEPAL, los países que están haciendo algunos progresos son Bolivia, Brasil, Chile y Ecuador en zonas urbanas y Venezuela, Nicaragua, Paraguay y Argentina en zonas metropolitanas. Y algo tienen en común, y es que todos tienen, o han tenido recientemente, gobiernos progresistas surgidos después de las crisis económicas que sobrevinieron en el continente después de largos años de gestión neoliberal ejecutada según los Consensos de Washington.

La labor de los gobiernos bolivarianos

El informe de InspirAction detalla que los avances destacados más recientes son la reformulación del régimen de impuestos sobre los hidrocarburos en Bolivia, que ha proporcionado recursos para nuevos programas de protección social y las emprendidas por Ecuador, entre ellas su exitosa cesación del pago de la deuda, emprendida para facilitar más gasto social, así como sus intentos por asegurar financiamiento para el cambio climático a cambio de renunciar a la exploración de petróleo.

“Si algo en común encuentran los presidentes de Venezuela, Bolivia y Ecuador cuando llegan al gobierno en 1999, 2006 y 2007 respectivamente, es la extrema desigualdad que viven esos países, fruto de un colonialismo histórico, pero agravada en los últimos años por las políticas neoliberales impulsadas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional a partir del Consenso de Washington”,

relata a Público Katu Arkonada, analista político y exasesor del Viceministerio de Planificación Estratégica del Estado en Bolivia. Para estos gobiernos de una izquierda latinoamericana renovada la lucha contra la pobreza y la desigualdad ha sido una prioridad en la agenda política.

“El principal reto que se encuentran estos gobiernos al llegar al poder es una muy mala redistribución de la renta por un lado, el no control de los procesos técnicos de industrialización de sus recursos naturales, en manos de las transnacionales, y el no tener una industria productiva consolidada pues son países que históricamente no vivieron un desarrollo industrial”,

continúa Arkonada, quien fue testigo de la labor que tuvo que hacer el ejecutivo de Evo Morales cuando tuvo que hacerse cargo de Bolivia.

“Si algo en común encuentran los presidentes de Venezuela, Bolivia y Ecuador es la extrema desigualdad que viven esos países”

Así, estos gobiernos han impulsado políticas públicas en dos niveles. Por un lado, medidas redistributivas mediante programas de transferencias directas a aquellas personas que más las necesitan. Es el caso de bonos de desarrollo humano para incrementar la renta de las familias del campo, bonos a las embarazadas para garantizar la salud de los recién nacidos, bonos a los más ancianos para garantizar unos ingresos mínimos o bonos a los estudiantes para garantizar su escolarización. “Esto provoca una inmediata disminución de la pobreza y de la desigualdad, elevando el nivel de renta de los sectores populares”.

En segundo lugar, estos gobiernos han tratado de cambiar su modelo productivo a través de las nacionalizaciones de las empresas de petróleo y gas. También “se ha comenzado un proceso de industrialización que claramente está dando sus frutos en Venezuela, generando formas de economía mixta hacia el socialismo con empresas estatales, bajo control de los trabajadores, o mixtas, y es mas incipiente en Bolivia o Ecuador, pero también los sectores económicos estratégicos están siendo controlados por el Estado”, relata Katu Arkonada.

Según los datos de la CEPAL, ni Ecuador, Bolivia o Venezuela ocupan un lugar entre los países más pobres de América Latina, siendo en el caso de Venezuela el tercer lugar de los países con menor porcentaje de pobreza. Para Arkonada, “desde luego los procesos de cambio que se están viviendo en el continente, donde más allá de las denominaciones que les demos, hay algunos rasgos comunes como el destierro del neoliberalismo, la vuelta del Estado y una redistribución de las rentas petroleras o gasíferas que por primera vez llega a los sectores populares, junto con nuevas constituciones, donde como en el caso de Bolivia o Ecuador se plantean nuevos paradigmas que nos ayuden a repensar el desarrollo en armonía con la naturaleza, nos invitan a ser optimistas”.

Fonte: Publico.es

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